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'50 sombras liberadas': Un final que se agradece

No deja de ser un producto rutinario que trata de mostrar las consecuencias del matrimonio y la luna de miel de la pareja protagonista
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Dakota Johnson en una escena de la película. YouTube

Dakota Johnson en una escena de la película. YouTube

No sólo conserva muchos de los defectos de la segunda parte, '50 sombras más oscuras', sino que pierde, asimismo, los escasos ingredientes que aportaban un mínimo de interés y de identidad a una trilogía que se despide con más pena que gloria y con signos evidentes de que podía haber llegado más lejos.

Tanto es así que, con sus limitaciones, sus adeptos han demostrado que fue el título inicial, '50 sombras de Grey', el mejor y el que, con sus audacias eróticas más pronunciadas, obtuvo una mayor capacidad de convocatoria.

De hecho, las dos primeras entregas alcanzaron los 900 millones de dólares en taquilla y más de la mitad corresponden a la cinta inicial. Un dato que revela que la incorporación del director James Foley, que ha realizado la segunda y la tercera, no ha dado los resultados anhelados. También es cierto que el libro de la escritora y también productora E.L. James no estaba ciertamente inspirado.

Rodado al mismo tiempo que el segundo capítulo para abaratar costos, este tercero no deja de ser un producto rutinario que trata de mostrar las consecuencias que se derivan de dos hechos fundamentales en la trama, en primer lugar su matrimonio y luna de miel, que prosigue el tono idílico y sensual de la relación de Christian y Anastasia, aunque con la práctica renuncia al factor masoquista, y el inesperado embarazo de ella, que origina la más grave crisis en el seno de la pareja. A ello habría que añadir, y es lo peor de toda la trilogía, una deriva final al thriller tan gratuita como fuera de lugar.

Por otra parte, hay que dejar clara constancia en el plano negativo del acento machista de un argumento que convierte al marido en tutor, vigilante y gestor de todo lo que se dirime en el hogar, relegando a la esposa a poco más que el florero de turno, sin el más mínimo espacio de libertad y, a menudo, como mero consuelo sexual. Algo a lo que habría que añadir la endeble interpretación de James Dornan, incapaz de dar vida a un Christian que ya viene dañado de origen y que nunca aporta a su cometido la convicción necesaria; y las carencias dramáticas de una Dakota Johnson bella pero sin un gramo de pasión.

En fin, un final que hay que agradecer a la vista de la evolución de los acontecimientos.

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