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'50 sombras más oscuras': invitación al tedio

En las escenas de sexo, la nueva entrega de la saga no logra elevar el tono esperado
14-02-2017 08:31
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Anastasia y Christian, en '50 sombras más oscuras'  Youtube

Anastasia y Christian, en '50 sombras más oscuras' Youtube

Dista mucho de ser una inmersión convincente y sólida en el universo más profundo y oscuro del sexo, que era lo que pretendía y lo que se intuía en algunos momentos de la primera entrega de la novela de la escritora E.L. James, de modo que la decepción, aunque no cabía esperar grandes cosas, se convierte en el factor que define esta segunda. Claramente inferior, algo que habría que atribuir al cambio de director, con el James Foley de títulos como 'Hombres frente a frente', 'Éxito a cualquier precio' y 'Cámara sellada' sustituyendo a Sam Taylor-Johnson, su falta de consistencia dramática acentúa los defectos de una historia ingenua y previsible que ni siquiera eleva el tono al llegar unas secuencias de sexo tan poco estimulantes como enormemente frías.

Un cuadro desolador que no pinta nada bien de cara al tercer capítulo, '50 sombras liberadas', que hay que recordar que se ha filmado al mismo tiempo que la segunda y que tiene previsto estrenarse en febrero de 2018. El director Foley no ha entrado, desde luego, en los dominios íntimos y privados de una sexualidad que, en efecto, era el bastión más importante de la cinta. Con la misma pareja, la que forman la atractiva y eficiente Anastasia Steele y el seductor Christian Grey, su objetivo no era otro que llegar mucho más lejos en las escenas de amor, rompiendo en teoría los tabúes que en esta materia siguen imperando en Hollywood.

La cinta comienza donde acababa la otra, abriendo paso a una reconciliación entre los amantes que es fruto de la convicción de él de que lo mejor entre ellos está por llegar. Con ese esquema y con su condición de príncipe azul la pareja navega de nuevo a las procelosas aguas de la satisfacción sin límites ni fronteras. Con estos datos, carentes del peso de la convicción, esta novela rosa no tiene capacidad para superar el nivel del producto convencional. Es más, los personajes inéditos que tratan de enseñar nuevos territorios sexuales, en concreto la madre de Christian y la mujer mayor que él –una Kim Basinger que conserva el estigma de 'Nueve semanas y media'– que le enseñó los secretos más ocultos del amor, no dan de sí lo que se pretendía.

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