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Cesc Gay: "Sería ideal que en cada ciudad hubiera un centro para estudiar cine"

Con los recortes en las subvenciones, lo que va a mandar ahora son los criterios de las grandes empresas y de las grandes televisiones, que, evidentemente, nunca producirían mis películas", señala
26-04-2012 09:24
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Aunque su cine podría calificarse como poco convencional, a Cesc Gay le incomoda estar en ese cajón al que muchos llaman «alternativo» y le preocupa crear vínculos con el público a través de sus películas. Con una mirada muy personal y siempre centrada en la complejidad humana, el cineasta catalán sostiene que las cosas que nos preocupan son las mismas, «tengas quince o cuarenta años». Por el momento, su filmografía sólo cuenta con cinco títulos (Hotel Room, Kràmpack, En la ciudad, Ficció y V.O.S.) y actualmente se encuentra en pleno rodaje de su sexto filme, Una pistola en cada mano. El realizador recibió anoche el premio Eloy de la Iglesia (La Opinión de Málaga) del Festival de Málaga.

¿Qué es lo primero que se le pasó por la cabeza cuando le llamaron para comunicarle que había sido galardonado con el Premio Ricardo Franco?
Los premios son como un abrazo. Es algo que te sienta bien y te ayuda en todas tus incertidumbres e inseguridades. Los que tenemos este trabajo siempre estamos en ese lugar extraño, preguntándonos si lo hacemos bien... Un premio es como un buen masaje. Y además, a Málaga le tengo mucho cariño porque arrancamos aquí con Kràmpack y me dieron el premio a mejor director, que para mí fue muy importante.

Han pasado ya doce años de aquello. ¿Cómo ha sido su carrera hasta llegar aquí?
Pues película a película. Creo que ese momento se estableció un vínculo de trabajo con la productora [Marta Esteban, de Imposible Films] que de alguna manera me dio cierta estabilidad. A los directores que podemos establecer un vínculo de trabajo con un productor eso nos permite la confianza de tirar hacia adelante proyectos. Si tuviera que haber ido de puerta en puerta para hacer las películas que he hecho, me hubiera costado mucho. Esa relación que se estableció con Kràmpack creo fue determinante.

¿Le hubiera gustado tener una filmografía más extensa?
No. Creo que yo he marcado el ritmo a mi manera. También me hago cargo de los guiones y creo que los directores que tienen siempre un guión sobre la mesa, pueden ir más rápido. Yo no: yo tengo que escribir e iniciar todo el proceso... Y eso me lleva más tiempo.

¿Es más difícil ser un director-autor que ser simplemente director?
Hacer cine es muy difícil. Siempre lo ha sido para todos. Para los directores, para los productores... Se necesita mucho dinero y convencer a mucha gente... No he intentado nunca hacer otro tipo de cine. Igual me pongo a hacer un thriller y me cuesta una barbaridad porque vale diez veces más. De todas maneras, mi cine no ha sido nunca muy caro de producir. No sé si es más difícil o más fácil. Lo que es seguro es que ahora va a ser cada vez más complicado. Eso seguro. Ahora, con los recortes en las subvenciones, lo que va a mandar son los criterios de las grandes empresas y de las grandes televisiones, que, evidentemente, nunca producirían mis películas.

¿No es algo positivo que el cine no dependa de una subvención?
No lo digo como una queja, sino que pienso que es una realidad y nos tenemos que dar cuenta de ella. Y creo que hay que buscar otras fórmulas de financiación.

Estudió cine en la escuela municipal de Barcelona. ¿Cree que deberían los ayuntamientos promover este tipo de enseñanzas?
Sería ideal que en cada ciudad hubiera un centro municipal donde hubiera una relación con las artes.

Claro, pero suelen haber centros de arte dramático y conservatorios de música en todas las ciudades. ¿Por qué el apoyo docente respecto al cine es menor?
Es complicado. El cine es como otra cosa. Y requiere de una inversión más grande por parte de las instituciones. Ojalá los chavales tuvieran esa posibilidad que tuve yo.

¿Cómo vive la revolución tecnológica en el cine? Ahora casi se ha mandado al celuloide a paseo y se pueden filmar una película con una cámara de fotos...
Es una democratización brutal. Obviamente, ahora puedes grabar de una manera mucho más fácil, pero la estructura de una película no ha cambiado: hay unos actores, unas planificaciones, unas horas de rodaje, vestuario... Puedes cambiar una cámara por otra, pero al final es igual. Es verdad que técnicamente ha cambiado y lo que antes requería de un laboratorio ahora lo haces en casa con un programa de edición. Pero aún así cuesta. Lo que está claro es que el que quiera y tenga talento tiene en sus manos el poder demostrarlo.

¿Su mirada cinematográfica es la de un cirujano?
No sé si tengo mirada de cirujano. Pero sí que trabajo sobre el material de personajes y de su mundo emocional. Todas mis películas giran alrededor de eso. No sobre temas sociales... Por eso es un cine más difícil también. No intento estar en un lugar alternativo. No me gusta hacer un filme siendo consciente que van a ir a verlo cuatro. A pesar de ir a mi rollo, siempre he intentado que cualquier espectador puede establecer cierto vínculo con mis películas. Asumo que hay unos tempos internos que igual no son los que un público normal quiere de entrada, pero siempre me esfuerzo por estar un poco cerca del espectador normal precisamente por esa temática que gira alrededor de lo que les pasa a las personas.

Dicen que a los humanos nos preocupan en esencia las mismas cosas desde el principio de los tiempos...
Sí. Lo que cambian son las formas. Uno cree que con el tiempo irán cambiado las cosas y eso al final no ocurre. No cambian, ya tengas quince o cuarenta años. Nos gusta pensar que sí, pero realmente no es así.
Actualmente rueda Una pistola en cada mano, con Eduard Fernández, Ricardo Darín, Luis Tosar, Javier Cámara,

Eduardo Noriega, Candela Peña, Leonor Watling, Alberto San Juan... Un reparto espectacular.
Sí, se ha juntado un grupo de actores que conocía, que nos teníamos ganas... El rodaje, que se está llevando por partes, ha permitido que sea así.

Tiene título de western...
Los títulos aparecen un día y nunca sabes cuñando. En la ciudad llegó muy tarde, pero Kràmpack estaba desde el principio... Y este, cuando lo escribí pensé en que se parecía a un spaghetti western. Pensé que por qué no: es una película sobre los hombres.

¿Sobre qué aspecto de los hombres?
Sobre lo más patético y lamentable. Nuestros peores vicios en las relaciones. La película presenta a una sucesión de hombres en situación de fragilidad y pérdida. En clave de comedia, pero donde se intenta situar a personas que no muestran sus debilidades. Hay mucho diálogo en el que se suceden una serie de encuentros inesperados. En una película muy de actores y cuya planificación ha sido muy improvisada.

¿No tiene prisa por estrenar?
Sí, claro. Acabaremos de rodar en septiembre y supongo que se estrenará al final de año o comienzos del que viene.

También se ha iniciado en la animación con Las trillizas y la máquina del mundo.
Es algo que me propusieron para colaborar en el guión. Me pareció simpático. Me gusta hacer cosas que no me plantearía hacer. Como un reto. Es un proyecto complicado porque la animación requiere de mucho tiempo.

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