Rutas BTT

Ascenso a la atalaya de Pulide

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Castrillón - Asturias

Un grupo de atrevidos «betetistas» desafió una mañana de perros para transitar por las hermosas tierras de Castrillón, con zonas que ponen a prueba la pericia de los deportistas

Oviedo, Víctor GUERRA
Subir al área recreativa de Pulide ofrece al ciclista de montaña la posibilidad de demostrar su pericia técnica y aguante físico y su capacidad de navegación. Y, como premio, unas impresionantes vistas.
A la llamada de Franc Martínez, de Asturcón BTT, proponiendo rodar por lo que supone sus predios ciclistas, enmarcados en los contornos de Piedras Blancas, nos reunimos casi treinta ciclistas, entre los propios de Asturcón BTT y los de de allende las fronteras. Estos fueron los valientes que ante tanta agua como jarreaba la mañana escogida salieron, acompañados por gentes de Piedras Blancas y Avilés y miembros del Club Los Castrones. «Si pasa la cabra, pasamos nosotros», ése es su lema.
Salimos, aunque no todos, pues la mañana se metía en agua y por tanto qué mejor que empezar al lado del mar para tomar el camino costero que sube bordeando la ensenada de Santa María del Mar por su lado este. Repechos tras salir del arenal que nos dejaron las piernas guapas y el corazón de esa manera.
Una vez llegado a lo alto del camino, en Sobremar, abandonamos el sendero costero para tomar por el cementerio. Y la primera en la frente: el guardacubeta del sendero, que es de madera, puso mi bicicleta patas arriba y a mí rebozándome por la pradería. Recuperado del susto enfilamos en comandita por el Camino de Santiago que desfila por los lugares de Arances, La Llorona, La Cruz, que luego a la vuelta será el punto de variante de retorno.
Y así nos fuimos hasta el desvío en el Cordel (Vegarrozadas) para rodar por encima del río La Ferrería, pasando por La Revoltosa, El Brasón y dar con nuestra mojadura ante el núcleo de La Siega, donde de nuevo terciamos el rumbo dirección oeste hacia Vallina y Llantera. Su trama nos pondría en Santiago del Monte, evitando en lo que se pueda la carretera principal. Eso nos llevó hacia La Cuenza, donde el entronque con la N-623 fue inevitable durante un trecho hasta Caicedo, lugar en que otro carretil nos permitió ir hasta Rocuevas. Así se enlaza con el estrecho sendero del Canal de Agua del Narcea, tomando rumbo Norte y acompañando durante un buen rato al canal, teniendo al FEVE por el lateral izquierdo durante un trecho.
El grupo se estira como el chicle, pues los tramos de barro y los senderos nos colocan en fila de a uno, y en alerta ante posibles caídas sin importancia, dado el estado del firme y los propios senderos. Abandonamos el Canal del Agua y seguimos por un terreno que presenta mejor aspecto y además es más amplio, lo cual nos permite rodar a buen ritmo en dirección a La Ortigona y enlazar con la Lloba. Prácticamente estamos aún en las zonas bajeras y, por supuesto, metidos en la densa mata de bosque que inunda la zona.
El buen tramo nos deja en la carretera de Las Grandes, punto de confluencia de la bajada. Ahora subimos camino de Pulide, que ni se otea en el horizonte. Los compañeros de fatigas por la cola, Rubén –de Gijón– y Manuel, hacen más llevadera la trepada, pues nos pasan factura las comilonas de las navidades. Paco (Chabolos) pedalea con garbo aunque su trotona no sirva para muchas de nuestras rutas, pero él sigue erre que erre, carteando su espécimen bicicleteril por todos estos andurriales a golpe de pedal y tesón castellano.
Los Cuervo (señor y junior), hacen mutis por el foro en un recodo y hasta luego, tal vez cansados de esperar de tantos pinchazos como nos iba deparando la ruta. En Ramera de Abajo la sorpresa, el reparto de pan y viandas por los pueblos nos permite avituallarnos a capricho, desde pasteles dulces a salados. Unos ciclistas supermojados hicieron despertar la lástima de tan simpática panadera.
Antes de llegar a Ramera nos desviamos entre el Cerrón y la Cruz para poder ir hacia Llazandi. A esta altura del día la lluvia ha remitido, pero mi grabadora deja de funcionar dada la cantidad de agua que se ha tragado. O sea, que todo de memoria, aunque he de decir que tras tanto cruce, la ruta es muy laberíntica y tengo medio perdida la navegabilidad. La recobro a base de GPS; voy dirección este hacia la solitaria casería situada en el Molín.
Un tramo de asfalto para relajar piernas y meternos en Meruxeras (de nuevo al fangal), encontrándonos de nuevo con el Canal del Narcea. La zona de Pipe ya presenta otro cariz e invita, con un día de agua que remite, a subir hacia La Campa, lugar donde dejamos el relajo para emprender ya sin piedad la subida hacia La Burla, al pie del monte La Rionda, ascenso largo y tedioso. El grupo va perdiendo unidades, pues por una razón o por otra, familia, compromisos, fatiga de barro y agua, nos merman por minutos. La cosa queda clara en el entronque con la carretera que va a Pulide, a la altura del Cerrón. Hay quien opta por ir carretera abajo, el resto se va hacia el área recreativa de Pulide, sita en el Prado del Marqués, con 438 metros. de altitud.
Ha merecido la pena el esfuerzo. Al remitir la lluvia, el día presenta mejor factura y nos permite disfrutar de las vistas tanto hacia la rasa costera, extensa y poblada, como para el interior de la región, cuyo cerco de cordales blancas dan a todo el paisaje un espectacularidad impresionante.
Culminada la subida, nos resta echarnos monte abajo, para lo cual tomamos en la misma área de Pulide una pista recién abierta que nos echa, a cajas destempladas, ladera abajo. Los ferodos huelen que apestan y los discos de freno echan humo.
Se va dando vuelta a Bujandi para entroncar de nuevo con el asfalto, por el que bajamos unos metros hasta el desvío de El Fresno, casería que en su momento fue criadero de caballos árabes y en cuyas paredes en azulejo el propietario iba colocando el nombre del equino en grafía árabe.
A partir de aquí es la parte que más le gusta a Franc (Fuentesila), pues disfruta como un guaje por el denso ocalital y sus senderos. En varios recodos hay que dar en un intenso trialear, que nos van llevando por los Centenales y Valpoli hacia Ramera de Abajo. Bingo de nuevo el reparto del pan: aprovechamos para un avituallamiento dulce. Pena de café. Le caemos tan simpáticos a la panadera, o le damos tanta lástima comiendo los pasteles en medio de tanto barrizal, que nos regala una docena de pasteles.
A estas alturas de la ruta quedamos una docena escasa de betetistas, incluido el famoso Parra, del que tanto oí hablar en las correrías de Asturcón BTT. Los del grupo Los Castrones aguantan bien la marcheta, que a partir de Llamera se hace más factible y se busca lo más plano siguiendo rutas y senderos en su tiempo balizado, y hoy venidas abajo. La carretera de Lodares nos permite llegar a la carretera E-70, cruzar ésta y seguir hacia Vegarrozadas para echarnos a buscar los lodazales del río Ferrería en el desvío de la Cruz. Si traíamos poco frío y barro, en el tramo de las orillas del río, simpática trialera, lo pillamos todo.
Menos mal que en casa de Franc, en El Puerto, nos esperaba Vega y sus acólitos para lavarnos las trotonas y la familia de Franc, que preparó una buena pitanza para unos lastimosos ciclistas.

Tipo de ruta: Circular.
Punto de salida y llegada: El Puerto (Santa María del Mar).
Longitud: 38 kilómetros.
Horario: 3 horas y 30 minutos.
Puntos de paso: Ararices-La Cruz- Vegarrozadas-La Siega-Cuenza- Riocuevas-Pipe- Moire-Pulide- El Fresno-Ramera de Abajo-Cuares- Vegarrozada-La Cruz.
Altitud ascenso: 902 metros.
Altitud descenso: 960 metros.

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