Rutas BTT

Asturcones por la Cordillera (y II)

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Somiedo - Asturias

Rodar en el concejo de Somiedo, y en concreto por la zona del puerto hacia Lago del Valle, es toda una gozada que pocos lugares pueden aportar a los ciclistas de montaña.

Oviedo, Víctor GUERRA
La travesía de la cordillera Cantábrica siempre se ha organizado basándose en dos etapas. La primera es sensiblemente más dura y larga. La segunda, aunque no le va muy a la zaga, es siempre más «light». Aunque los participantes siempre la recuerden como muy dura, yo creo que ello proviene de la caña que algunos se dan durante el primer recorrido, lo que pasa factura a más de uno. Más si las condiciones se hacen duras y no se está acostumbrado a recorridos de fondo.
En la edición del año pasado en la zona de Pajares, con un frío y una lluvia intensos y tras realizar la ruta de Caldas-Puerto Mieres-Refugio del Meicín, el desmorone del pelotón al día siguiente fue de órdago. En la salida del segundo recorrido sólo estábamos algo menos de la mitad de los trescientos ciclistas.
En esta ocasión el tiempo acompañó e hizo un día genial para rodar. Ese día la organización me liberó de mis tareas de control y marcaje de recorridos y me dediqué a patear la ruta para hacer fotos en todo su trayecto.
Mientras los ciclistas embuchaban sus proteínas y preparaban sus trotonas, me fui con Manuel Fernández y Rubén (Gijón) a preparar el avituallamiento a la zona de La Llerá. Por ello no pude presenciar la salida en el pueblo del puerto de Somiedo, donde el multicolor pelotón, muy al completo, tomó en la margen izquierda de la carretera el camino del cementerio, en dirección a La Cueta. Un amplio camino-pista donde es de suponer que Guti el «Portu» y Muñiz se dieron «canela fina» a base de explotar el desarrollo medio.
El resto de los ciclistas, tras la paliza del día anterior y dado como fueron llegando al avituallamiento de La Llerá, se lo tomó con algo más de calma.
Pasar por entre la Peña Salguera y Peña Laguna hacia el Alto de Buenmártir y la pradera de Braña Quemada en estirado pelotón es un buen espectáculo que no siempre pueden ver los senderistas. Alguno quedaba asombrado, como quedaron los vecinos de la aldea leonesa de La Cueta cuando desde el alto de Braña Quemada vieron bajar a tanto ciclista. Pensaban que la Vuelta a España se había equivocado de trazado.
Lo cierto es que el paso ciclista en poblaciones tan aisladas se convierte en todo un espectáculo para los autóctonos, que hasta sacan las banquetas para contemplar a tan atribulada jarca camino de no se sabe dónde. No entienden que, habiendo como hay hoy en día tantas carreteras, el personal se empeñe por tirar por el monte adelante y a toda mecha.
Así fue como Guti, seguido de sus fieles perseguidores, subía a toda mecha por el barranco de Las Borras, que deja en la amplia ladera de las praderías de Espinas un trazado hacia el avituallamiento un tanto técnico. Por delante del pelotón habían llegado los marcadores del recorrido: Carlos Coelho, Paco Jiménez en su híbrida trotona al estilo de cartero inglés con innovaciones «biker», y el persistente boy «El Chaves» que esa noche hizo los honores a una checa. Todos ellos, armados con las cinta de marcar, por allí pululaban camino de Valle de Lago.
La subida hacia el avituallamiento, al que se subía tras pedalear unos 8 kilómetros, se atragantaba a la mayor parte de los ciclistas, pues los recorridos de hierba son muy bonitos, pero agarran los tacos de las cubiertas que son un primor. El avituallamiento era, pues, un oasis antes de volver a echarse a la trotona, y es el punto donde se ve quién se lo toma con calma y disfruta del paisaje y el paisanaje.
Los más cañeros pronto se echaron a la ruta, aunque atrás ya quedaban los amplios firmes de tierra. Después se viró hacia el Oeste para seguir por debajo de la Peña Bajo el Agua por senderos trialeros, que arrojaban más de un quejido. Está claro que al personal eso de los tramos trialeros le gusta más bien poco. Por ello arribó como pudo al collado Las Cruces, con la trotona al hombro, los de las BTT tipo mantis religiosa, o sea, las integrales se apañaban como podían.
Tras alcanzar en penitente rosario el citado collado, la pradería que se desparrama hacia Murias Chuengas, el personal dio fuego al plato grande y a los piñones pequeños, dando virajes increíbles. Eso sí, la diversión se acabó en la zona del Venerio, donde se vira a la derecha para tomar por encima el canal del agua de la Braña bajo los farallones de La Mortera. El espectáculo de Lago de Valle era increíble, pero no se puede decir otro tanto del rosario de pateadores que optaban por pasar de forzar el tramo hasta el Lago de Valle.
Al borde del lago, con 15 kilómetros rodados, un avituallamiento que había montado César era algo así como un jaima asaltada por los nibelungos. El personal arrapiñaba lo que podía para satisfacer hambres y sequedades. Éste era, por otra parte, el punto de reagrupamiento para poder bajar todos tranquilos, en un par de tandas, sin molestar a los sufridos senderistas que arribaban hacia el lago.
Además, la bajada desde el Texu por las praderías de Valle hasta la Veiga de Camporriondo es algo que se debe hacer de forma tranquila dadas las velocidades que se alcanzan por los nuevos tramos hormigonados. Suele haber tránsito de vehículos, caballos y senderistas, además de estar en pleno parque natural de Somiedo, que nos permite gozar de estos parajes a diferencia de otros espacios protegidos donde la mentalidad ambientalista está cerrada a las actividades lúdico-deportivas.
En Veiga se abandona el camino tradicional hacia Valle para entrar por debajo de éste y continuar paralelos a la pista que va a la Braña de Sousas, privando al pueblo del espectáculo.
El trazado que va hacia el Castiellu es a base de caminos tradicionales emboscados en la maleza circundante. Ya no estamos en los parajes abiertos de la zona alta, sino que son tramos muy agradables de ciclar, rápidos, solitarios, con giros imprevistos y de una belleza sin par. Se acompaña muy desde lo alto al río Orio, que busca el cauce del valle hasta desembocar en Pola de Somiedo.
Por estos lares el personal ya llega en grupo y disfruta de estos solitarios caminos, que nos dejan en el pueblo del Coto de la Buenamadre con 26 kilómetros ciclados.
El Camino Real del Coto nos deja un poco más allá del pueblo y nos coloca en la carretera general, que sube desde Pola hasta el Valle. Se gira a la izquierda y la falta de tráfico intenso nos permite llegar sin muchos problemas, y sin apenas accidentes que reseñar, hasta Pola de Somiedo. Allí se efectúa la entrega de recuerdos de la travesía, el clásico sorteo, fotos y el pincheo fraternal como merecen tan esforzados ciclistas, que año tras año no pierden la oportunidad de rodar por nuestros singulares territorios.

Tipo de ruta: Lineal.
Salida: Puerto de Somiedo.
Llegada: Pola de Somiedo.
Puntos del recorrido: La Cueta-Lago del Valle-Valle de Lago-Coto de la Buenamadre.
Longitud: 30 kilómetros.
Horario: 4 horas.
Desnivel de ascenso: 709 metros.
Desnivel de descenso: 1.490 metros.

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