Rutas BTT

A la sombra del macizo de Andara

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Oviedo - Asturias

La Liébana es un territorio al que el ciclista de montaña asturiano le ha dado en parte la espalda, a pesar de sus óptimas condiciones y parajes para la práctica ciclomontañera

Oviedo, Víctor GUERRA
Realmente no sé si ha sido la aplicación del viejo refrán de «el lebaniego ni por vecino ni por lindero» lo que ha que ha hecho que los ciclistas astures no visiten con más frecuencia las tierras lebaniegas más allá de la frontera que marcan los Picos de Europa, o que las comunicaciones han sido siempre tan malas. El caso es que en ocasiones parece que llevamos escrito en la frente que más allá de los 100 kilómetros debemos llevar ya la maleta y el pijama.
Nuestro peculiar aislamiento, cultural y conceptual, nos ha hecho renunciar a conocer parajes que cuando los visitamos nos asombran por dimensión y belleza. Y, más aún, en ocasiones nos deja perplejos que eso pueda estar al alcance de la mano.
Eso es lo que sucede a los ciclistas de montaña asturianos, que lo del Valle Lebaniego como que no tira. Luego, cuando se adentra en el territorio, queda maravillado por sus posibilidades y, entre otras muchas, la Liébana aporta al ciclismo de montaña una infraestructura vial, pistas y caminos, trochas y senderos que son todo un goce para la actividad ciclista que además puede gozar de miradores más que excelentes.
Bajo esa idea de conocer y dar a conocer otros parajes, Asturcón BTT se marcha con la travesía de la cordillera Cantábrica para Liébana. Una comarca a la que por los años 90 le dediqué todo un libro de recorridos publicado por la editorial Desnivel y que hoy ya está prácticamente agotado.
En esta ocasión planteó una ruta que posiblemente constituya la segunda etapa de la travesía de la cordillera Cantábrica, a celebrar allá por el mes de septiembre.
El recorrido parte de la bella capital de la comarca lebaniega, Potes (293 metros altitud), situada de cara al macizo de Andara, parte oriental de los Picos de Europa. Desde el ferial situado en el centro de la villa se toma el camino hacia el núcleo de Rases, una pequeña aldea colgada de la ladera del monte de Arabedes.
Se cruza el río Deva, girando por encima de éste, para tomar lo que en su día fue un duro camino de fuertes desniveles hacia Rases, el cual hoy presenta su eje casi recién asfaltado, que no por ello deja de presentarse como un subida durísima en algunos puntos.
Porque salir de casi 293 metros de altitud y colocarnos en poco menos de dos kilómetros en una altitud de casi unos 600 no es moco de pavo, lo que obliga a meter el platillo y la paellera para enfrentar los repechos más duros. Menos mal que la subida se hace entretenida admirando las amplias vistas que ofrece tal balcón.
Tras dejar atrás la aldea de Rases, la cosa se suaviza por momentos y el asfalto deja paso al hormigón ya medio roto, por el que se sube hasta la trifurcación al pie del cerro de Anayeles (684 metros), donde una pista sale hacia atrás a Santa Lucía y Armaño, la otra pista va a buscar la aldea de Lles y por la que optamos es la que sube ladeando el Nogalón hacia el Cotero de la Pagolina.
Hasta hace unos momentos sólo se veían a nuestra espalda los valles de Vega de Liébana y de Pesaguero y la villa de Potes; ahora, ya en la zona que nos lleva por los coteros que vamos ganando al son de la pedaleta del 22x30, vemos entre la bruma los picachos del macizo de Andara y los contrafuertes sureños que lo sustentan.
Mi compañero de fatigas Carlos Coelho alucina por los parajes y las vistas con que nos deleita esta parte de Cantabria.
Sobrepasado el collado Miña, dejamos otro ramal que sale a la derecha a buscar la aldea de Viñón, por lo cual optamos por seguir subiendo por la pista que va a los puertos de Ullances y doblar por una pista que se sitúa por debajo de Cueto de Orbicente (km 6,24 y con 826 metros de altitud) que se mete en el robledal, y por medio de un firme bueno con alternancia de tramos embarrados se enlaza con el camino que va Viñón, y el que se dirige a la Collada de Huerta. En esta trifurcación (625 metros de altitud), marcada por un cableado de alta tensión, se dobla a la izquierda para bajar por la ladera de la sierra de Colio, entrando en esta aldea por los llamados Diablillos de Colio (9,40 kilómetros).
Torrentera se pasa ahora por encima de un puente, dejando a los diablillos jugar con sus enormes regodones y el cambio del cauce. Se entronca con la carretera que sube hacia Colio y se entrelaza con el poblamiento, salpicado de vetustos escudos y casas señoriales, como la Escuela de Caballería que aquí se dio en el siglo XVIII. De Colio se sale por el ramal que va hacia la pequeña ermita de San Roque, a cuyo seno nace un camino que gana, a través de unos repechos de padre y señor mío, las tierras del Cotanillo, amplias praderas que nos aportan buena vista del pico Las Agudinas y los cordales adyacentes.
Del Cotanillo se sale por un camino que nace a nuestro frente y que va dirección a la pequeña aldeas de Penduso y Trascoba, llegando en un santiamén a la carretera que sube desde el valle, lo que nos permite llegar sin problemas al último pueblo de esta zona y ubicado bajo la peña de Pelea, el pueblo de Cabañes (551 metros altitud y 13,40 kilómetros).
La ruta continúa por debajo del albergue Horizontes, que se sitúa a un extremo del pueblo, prosigue el sendero en dirección a la riega de las Conchas para ganar una collada a un costado de la peña La Prada. Por medio de un duro repecho, mi compañero Carlos lo hace montado para asombro del personal autóctono allí presente, mientras el que suscribe lo hace a pata y arrastrando la ligera Giant por la cuesta arriba. Ni los años ni la falta de entrenamiento perdonan. ¡Qué le vamos hacer!
Menos mal que el suplicio de las subidas concluye en esta collada y digo suplicio pues no en vano el desnivel de esta pequeña ruta hace que al final las piernas lo noten.
Desde la collada se ve el valle de Bedoya, se abre un pendiente camino en bastante buen estado con respecto a como lo conocí en su momento, el cual nos baja a la colgada aldea de Allende, desde la cual bajar a la carretera general N-621 Panes-Potes es un momento, conectando con ella en el lugar de Lebeña (17,74 kilómetros y 206 metros de altitud)
Desde aquí la ruta emprende rumbo a la citada carretera hacia Potes, para tomar desvío en la Ventosa, donde se enlaza tras haber rodado por la nacional unos 3 kilómetros con el PR que nos conduce sin pérdida hasta Potes, ahora por tramos de tierra y asfalto.
Desde Ventosa hay que subir hacia Castro-Cillorigo, para, un poco antes de llegar al pueblo, desviarnos por a la derecha por encima del río Deva hacia la capilla de San Francisco. Un poco más allá los firmes de tierra dejan paso al asfalto, que nos conecta a su vez con la carreteritas que bajan de Viñón y de la aldea de Armaño, pueblo este último donde Concha Espina tuvo mansión. Se sigue por el fondo del valle, tras dejar el camino que entra en Ojedo por la zona de Goarmaño.
Se cruza a lo largo la gran pradera de Campañana, tras la cual otro repecho, ahora asfaltado, nos devuelve al ramal que sube a Rases, el cual nos permite llegar a Potes tras ciclar unos cuantos cientos de metros.
Potes bien vale una vuelta por sus calles empedradas y poder así probar sus ahumados y, tras ellos, unas copitas de buen orujo.

Tipo de ruta: Circular.
Punto de salida y llegada: Potes.
Longitud: 27 kilómetros.
Horario: 3 horas y 15 minutos.
Puntos de paso: Rases-Colio-Penduso-Cabañes-Allende-Lebeña-Castro-Cillorigo.
Altitud de ascenso: 1.019 metros.
Altitud de descenso: 1.051 metros

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