Rutas BTT

Por los miradores gijoneses

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Gijón - Asturias

La atalaya del Picu’l Sol nos brinda la posibilidad de observar la disgregación territorial y urbanística de la capital de la Costa Verde y sus maravillosos entornos y parroquias rurales

Oviedo, Víctor GUERRA
En esta ocasión el amigo Rubén Gómez Galvón, con el corazón partido por ser socio de Asturcón BTT y del club gijonés BTT Pelayo, propuso para el fin de semana pasado una ruta que, si el revuelto tiempo y la nieve lo permitían, nos podría deleitar con majestuosas vistas.
Antes de empezar la crónica me gustaría decir que algunos de ustedes quieren salir en estas páginas y desean salir favorecidos en la crónica semanal. Hasta parece que debo escribir el artículo al dictado de sus intereses y preferencias, y no desde la experiencia e independencia que me caracteriza. Lo cierto es cada día me están calentando más las orejas con esos dardos que se ven en algunos foros sobre los trabajos que aquí se traen cada semana. Y el que avisa no es traidor, dice un viejo refrán.
La convocatoria de Rubén tuvo un gran éxito, más entre la gente de BTT Pelayo que entre la de Asturcón BTT. Salimos del polideportivo de Pumarín unos 35 ciclomontañeros dispuestos a comernos el mundo rural gijonés –tras el parón de estos últimos días por cuestión de las nevadas–, pertrechados los guías, todos ellos de BTT Pelayo, con emisoras para el control del numeroso grupo. Nos fuimos Pumarín arriba a buscar el nacimiento de la Vía Verde de la Camocha. Por cierto, es hora de que el Ayuntamiento gijonés alga algo por concluir esta senda, o al menos darle una estructura y apariencia más acorde con lo que es y representa; no como es ahora, un comienzo sin estructuración ni sentido.
Tanto es así que en vez de buscar la entrada desde Santa Bárbara, el personal se fue por La Braña a buscar la escuela de Las Maravillas y tomar por la zona del Molín el "seudonacimiento" de la Vía Verde, pasando por debajo de la finca del Marqués de Tremañes.
Tras los días de obligatoria parada por el tiempo, el personal, por desfogarse o por marcar impronta, y no habiendo paseantes por la Vía Verde, echó la tranca y nos pusimos a un ritmo de unos 18 km. de media. Está claro que la senda es plana, ideal para ir con tranquilidad y para calentar, pero no para que a uno le salgan los colores del esfuerzo.
Dejamos atrás los polígonos de Roces y Porceyo y el de Leorio y nos plantamos en un santiamén ante las instalaciones mineras que en su día abrieran los hermanos Felgueroso, alguno de ellos conocido francmasones, «al que, aunque fuera a título póstumo, Francisco Franco terminó condecorando en su día», le contaba al amigo Vega y Primi, venidos desde las tierras de Ordoño II, cuando el expreso ciclista se echó en busca de las zonas más «pindies» del recorrido.
Cruzamos la carretera de La Camocha–Huerces (96 metros de altitud) virando a la derecha y nos metemos por un camino que, en bajada, busca el arroyo de Santa Cecilia.
¡Cuántos recuerdos infantiles de estas tierras a las que veníamos a jugar desde Tremañes, por la vía minera adelante! Los recuerdos, a estas alturas, se quedan colgados del primer repecho, pues debemos poner toda la atención en afrontar los durísimos repechos para subir a Trechoriu y el Cantu (244 metros de altitud). El ritmo baja, aunque no por ello deja de ser fuerte; pero pasa factura a los más débiles, que nos vamos quedando atrás. Mientras, los jóvenes y algún que otro maduro veterano aprietan pedal, para ganar la collada que da paso al Picu’l Sol.
Los desarrollos se quedan cortos, aunque se vaya, como es mi caso, con 22x32, lo que obliga en algunos casos a meter mucha presión al pedal y bajar el cuerpo para poder subir por las rampas de hormigón, duras como ellas solas. Menos mal que son hormigón, pues de los contrario sería pie a tierra.
Un vez en la zona del Monte (11,5 kilómetros y 364 metros de altitud) doblamos a la izquierda para entroncar unos metros más allá con el carreteril que sube desde Lavandera hacia el Picu’l Sol (439 metros de altitud, con unas coordenadas de este estilo: 12,23 kilómetros realizados en 1 hora y 5 minutos, lo que arroja una media total en movimiento de 11,5 Km / h).
Coronamos el pico mientras el resto del pelotón optaba por bajar y casi nos quedamos solos en la cumbre. Las excepciones a la regla fueron Pablo, Rubén y alguno más, que contemplamos Gijón a nuestros pies. Toda una maravilla.
Se desanda el camino para bajar hasta el cruce de El Monte e irnos por el carretil que va al Prado de la Cruz, que volvemos a abandonar un poco más allá (13,4 kilómetros) para tomar por un camino pista en bajada, con firmes que permiten que el personal meta desarrollo a tope. Bordeamos el llamado Monte de Lavandera, pasando por encima de Casa Silverio, rumbo a el Pico Carbonera. Aquí las vistas han cambiado y delante vemos las cimas nevadas de la Cordillera y la columna vertebral del Aramo, mientras vamos virando hacia el pueblo de Los Ablanos. Combinación de asfalto y tierra con sus buenos repechos, dejamos el ramal asfaltado para meternos por debajo del pico Los Ablanos con casi 18 kilómetros en los pedales.
La bajada por el bosque de Muñó se hace bonita a base de revueltas, con peligrosas sangraderas que amenazan nuestros cuerpos. La falta de suspensión delantera provoca que tenga que extremar la técnica para no terminar en el suelo. Bajada técnica para una BTT sin suspensión, en tanto los de las «mantis religiosas» aprietan el «muslamen» y se dan al desenfreno de la bajada.
Tan rápido es el desenlace que me quedo solo en el cruce de Riestra, pues el personal, pese a la emisora y demás, opta por seguir ruta. Empiezan a darse cuenta de mi descuelgue, que alguno celebra con algún que otro comentario que recibo por la emisora.
Ya de solanas, y no teniendo tiempo para saber ni donde estoy –dudo que la mayor parte del grupo lo sepa–, opto por seguir por la carretera que va por el Cogullu, Riosecu y Val de Pumares, donde enlazo al pie de la carretera que va al Alto de la Madera, con los emboscados del pelotón. Largo reagrupamiento del personal, mientras vemos como los esforzados de la carretera, los de las bicis nudistas, pasan sin saludar a los apestados del barro que somos nosotros.
Reagrupados les emulamos y nos vamos a coronar la cumbre del Alto de la Madera para echarnos con la tranca metida (45x11) descenso abajo hasta el desvío de la Cotariella del Conde, con velocidades que marcan los 60 Km. /h.
Subimos por ramal asfaltado que pasa por encima de la carretera de La Madera, dejando abajo la ladrillera y su chimenea y buscando la sombra del pico. Nos dejamos llevar en descenso hacia la Pedrería, pasamos por delante de Casa Oliva, llena de comensales como casi siempre, y nos desviamos para entroncar de nuevo con la Senda Verde con 33 Km. ciclados en unas 2 horas y 30 minutos., y con una media de rodaje de 12,7 Km/h.
La senda nos devuelve a la zona de San Juan de Tremañes, pasando por debajo del Monte La Mortera, donde se halló la estela de la diosa romana La Fortuna Balnearia. Subimos de nuevo a la zona de partida por el mismo camino, para luego tener un fraternal ágape al pie de la cordal de Deva en casa Inés, en Arroes. Así fue y así se lo cuento a ustedes.

Tipo de ruta: Circular.
Punto de salida y llegada: Gijón.
Longitud: 39 kilómetros.
Horario: 3 horas y 15 min.
Puntos de paso: Tremañes-Leorio-Huerces-Picu’l Sol-Muñó-Alto de La Madera-La Pedrera.
Ascenso: 950 metros.
Descenso:  982 metros.

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