Rutas BTT

Gijón-Luanco por el sendero costero

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Gijón - Asturias

Rodar por la franja litoral siempre es una auténtica gozada para el ciclista de montaña
 

Oviedo, Víctor GUERRA
Asturcón BTT, decano con amplia experiencia en actividades por todo el territorio asturiano, y BTT Pelayo, con sede en Gijón y encargado de poner en marcha todos los años la Vuelta al Concejo de Gijón, son dos clubes señeros. En ocasiones ambas entidades se unen para realizar excursiones de forma conjunta, cuyo pivote esencial para que esa alambicada colaboración se materialice es Rubén Patricio Gómez, socio de ambos clubes. Es raro que cada trimestre no aporte alguna actividad para hacer en conjunto.
De esta manera surgió la idea de hacer la ruta costera asturiana, en este caso abordando el tramo de Gijón a Luanco. El regreso se perfilaba con variantes, pero muy ceñido al recorrido de ida. De este modo, partimos de la zona lúdico-recreativa del parque de Moreda, en Gijón, unos 37 ciclistas de montaña, predominando por amplia mayoría el maillot de BTT Pelayo, club encargado de organizar y controlar el desarrollo de la ruta.
Como ciclistas responsables salimos de la zona de Moreda tomando el carril-bici de La Calzada, que nos permitió salir de la zona más poblada del barrio hasta su terminación a la altura de la Casa del Mar. En ese punto el nutrido pelotón derivó hacia el Oeste para meterse en el doblamiento que se articula por encima de la calle Brasil.
Pronto callejeamos por la compleja infraestructura de Jove, para llegar a la altura de una de las obras que han ganado un premio por su recuperación arquitectónica y que es una de las sedes de la Autoridad Portuaria: la finca «La Quinta» en Jove. La observamos desde el camino antiguo del Museo, que nos permite subir por Jove de Arriba y recoger a dos de los integrantes del BTT Pelayo que viven en la zona, María José Merino y Roberto. Desde su casa subimos por las empinadas pero «ciclables» cuestas hasta lo alto de la carretera que da acceso al antiguo castro Noega, o sea, la instalación museística que instaló en su momento el Ayuntamiento de Gijón en la campa de Torres, adornada con las feas bombonas de gas que se han instalado en la zona.
Contempladas las bellas vistas que la campa de Torres nos ofrece y observados los trabajos de la ampliación del puerto de El Museo, retrocedemos hasta el restaurante Les Cabañes para echarnos ladera abajo hacia el Parque de Carbones de Aboño. Una bajada amplia que a media ladera se estrecha y concluye en un sendero técnico, pero sin grandes peligros, lo cual hace gozar a más de uno en la bajada. Y más si uno lleva una bicicleta de suspensión integral tan de moda ahora.
Salimos a la carretera de Aboño para pasar por debajo de las cintas transbordadoras y emprender la subida hacia el alto de Aboño, que nos da otra perspectiva de la campa de Torres. Entroncamos en lo alto con un carretil (9,1 kilómetros, 55 minutos) que, girando a la derecha, nos permite acercarnos por encima de la playa Peña María, no sin antes contemplar la obra de los Prendes González, donde se puede observar una estatua de la Chata, la reina que visitó estos lugares en 1915. Bordeamos la instalación para dejarnos caer hacia la senda verde de Xivares y remontar por delante de los pintorescos chalecitos de la zona.
Remontada la urbanización, que cruzamos de Este a Oeste, nos permite juguetear por sus empinadas escaleras, que dan un susto a más de uno, y tras el juego tomamos casi al asalto el tramo costero ganado a la infraestructura ferroviaria de Feve, que toma el nombre del gran playón que domina la zona: El Tranqueru. Un recuerdo íntimo al desfilar por la zona para mi cuñado Roberto Martínez Elena, que pasó al Oriente eterno hace unos meses y al que le gustaba pasar horas en esta ensenada. La vida prosigue y nuestra ruta también. Tras pasar algunos pequeños túneles por encima de la playa de Carranques, buscamos la península de la ciudad residencial de Perlora (13,4 kilómetros, 1 hora y 24 minutos).
Aquí optamos por pegarnos a la rasa costera, «ciclando» por los senderos costeros, que nos deleitan con sus múltiples filigranas, aunque en verano los ciclistas debemos abstenernos de su uso por preservar la buena marcha de la cohabitación.
Para proseguir por la zona costera no hay más remedio que salir a la carretera de Perán y por su amplia traza y acera llegar hasta el núcleo de Candás. Subimos desde la zona del puerto por detrás del Museo Antón para escalar hacia la ermita de San Antonio de Padua y el Faro de Candás. Una pequeña bajada hacia la cala de Rebollares para tomar por la senda que trepa por en medio de la pradería hacia el coqueto cementerio de Candás y alcanzar el tramo costero de Piñeres.
Salimos por el costado occidental del recinto funerario para dejarnos caer por una amplia pradería. Bordeamos una amplia granja por su costado norte para pasar por detrás del centro de rehabilitación terapéutica y entrar en Antromero, no sin que antes algunos desmonten en la empinada pradería que nos coloca ante la iglesia de tal núcleo.
Bordeamos la iglesia para seguir pedaleando sin grandes problemas, dando de este modo vuelta a las puntas de Sobrado y El Cabritu. Bordeamos la finca «La Iría», para entrar de nuevo en Antromero, ya por carretil asfaltado, que nos mete en el núcleo de El Monte.
Apenas si tocamos la AS-239 y seguimos rodando en dirección Oeste, en compacto pelotón, pues los de Pelayo se esmeran para que en los múltiples recodos que tiene la ruta no se pierdan las diversas unidades del pelotón. En esta labor son esenciales las pequeñas emisoras de radio.
La desfigurada imagen del viejo puerto de Luanco y sus pobladas laderas de colmenares se dibujan ya muy cercanas, pues sólo nos resta, tras algunos juegos en tramos técnicos y escaleras, dejarnos caer hacia la zona de Aramar y cruzar la urbanización de Los Laureles, para recortar la punta de Los Boletos. Entramos en Luanco rodando por sus despobladas calles, pues aunque el tiempo no es muy invernizo, la gente opta por quedarse al calor del hogar.
Para sorpresa de los autóctonos que se arremolinan en el puerto de Luanco y sus poblados bares va llegando el poblado pelotón. Tras unos caldos calientes al rumor de la mar y de las partidas de los paisanos emprendemos la vuelta hacia Gijón por el mismo recorrido, aunque puede haber variantes en el retorno, como tomar el tren para aquellos que con 25 kilómetros haya tenido suficiente.
Una bonita ruta que también se puede simplificar si se quiere optar por salir en familia y que puede ser una interesante propuesta veraniega para todos los públicos a poco que se estudie el recorrido para rebajar los puntos más técnicos.

Tipo de ruta: Longitudinal, con salida de Gijón y llegada a Luanco.
Recorrido: Campa de Torres-Aboño-Xivares-Perlora-Candás.
Longitud: 25 kilómetros.
Duración: 4 horas.
Desnivel de subida acumulado: 1.136 metros.

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