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El Camino Real de la Mesa, un desafío

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Regueras (Las) - Asturias

La ruta desde Torrestío hasta San Salvador de Alesga tiene tramos de extrema dureza

Oviedo, Víctor GUERRA
Desde hace tiempo tenía la idea de rodar por La Mesa, con la intención de comprobar «in situ» cuáles eran los efectos de la intervención por parte de la Administración regional en un vial tan tradicional como el Camino Real de la Mesa. Por ese motivo, con dos amigos, como Fran, de Bicis Meta, y Raquel, planeamos para este domingo pasado realizar la clásica ruta de Torrestío hasta el Puerto de San Lorenzo.
Tras haber estado pateando por el embalse del Atazar (Madrid) durante toda la semana anterior, con temperaturas rayanas a los 30 grados y con un horizonte lleno de jara en flor, pues me venía de perlas cambiar de ambiente y de parajes.
Dicho y hecho, el domingo nos subieron a los tres ciclomontañeros hasta Torrestío en coche gracias la amabilidad de Tante el de Villanueva; y aunque el pronóstico del tiempo daba alguna tormenta por las altas cordales asturianas, eso no nos amedrentó dadas las altas temperaturas que hasta esa misma mañana se estaba dando en Asturias.
Al Camín de la Mesa hay que tenerle respeto, como a toda la montaña asturiana, pero, en especial, a este largo cordal los ciclomontañeros debemos tenerle un cierto reparo a la hora de afrontarlo tanto por su altitud, casi constante, como por la permanente exposición del cordal a todo tipo de vientos, puesto que el recorrido va siempre muy franco y sin protección por lo alto del cumbral.
Recuerdo alguna escena dura tras salir casi en mangas de camisa y terminar triscándonos los dientes, o acabar medio perdidos por la niebla por sus amplias camperas como la Piedra Jueves. En esta ocasión tuvimos alguna cautela, y eso nos hizo colocarnos algo de ropa de abrigo y tirar hacia la ruta con la idea de que el tiempo aguantaría y nos brindaría unos rayos del sol primaveral.
Y con esa intención salimos de Torrestío hacia la braña La Mesa, una parada para tomar un café y pronto nos echamos en busca del Valle de las Partidas, tras llenar nuestros «camel back» de la fría agua de Torrestío.
Pronto Raquel comandó el grupeto metiendo ritmo por el carretil que da acceso a la pista que sube por el Valle de las Partidas arriba, dejando cada vez más encajonado al fondo del valle el reguero de la Mesa. Lo cierto es que, tras coger un poco de altura, las rápidas ráfagas de viento que se empezaron a levantar y que nos daban en la trasera nos permitían subir a un buen ritmo que rayaba unos 6,5 kilómetros/hora. Una velocidad que no está nada mal para una pista que se coloca rápidamente en los 1.500 metros de altitud, y como no solemos estar acostumbrados a rodar a esas altitudes, pues pronto la fatiga nos coloca en un ritmo más adecuado.
Lo cierto es que en un momento dado, como a la altura del Fontanón, Fran comentó que mejor nos mirásemos para atrás dada la negrura que amenazaba a nuestra retaguardia. Pronto nos dimos cuenta de la amenaza, dadas las fortísimas rachas de viento que amenazaban con llevarnos volando a lo Harry Potter pero en bicicleta. Para cuando culminamos la larga subida de Las Partidas, de unos 4,5 kilómetros, la cosa ya se estaba poniendo fea, pues hacían presencia los primeros destellos blancuzcos de la nieve.
Confiamos en que la cosa amainaría y nos echamos, tras cruzar la alambrada provincial, por las praderías de Llano Muñón hacia la braña La Mesa, cambiando así de vertiente y dando vista al nacimiento del río Arroxo. El comienzo de la bajada ya se empezó a poner con mal cariz, puesto que la ventisca arreció con fuerza y con rachas de viento que hacían que nuestras trotonas cambiaran de rumbo mirando de cara al valle.
La verdad es que las marcas del GR que habíamos pintado el que suscribe y el amigo Franklin Pareja hacía dos años nos daban esperanza de que al menos nos ayudarían a seguir la huella en caso de que la niebla hiciera acto de presencia.
Llegados a la altura de la braña La Mesa, se impuso el guarecerse por unos minutos en una de las cálidas «cabanas de teito» en la confianza de que el tiempo calmase. Pero, dado que no lo hacía y que las ráfagas de nieve y viento cada vez eran más intensas, decidimos aventurarnos por la Cordal adelante con la decisión tomada de que en la Fonfría nos dejaríamos caer valle abajo hacia la aldea de Barrio.
Las punta de los dedos ya eran pura congelación, que aún me hormiguean cuando esto tecleo unas horas más tarde, por lo cual en ese momento opto por hacerme unas manoplas con sacos de plástico que había en la cabaña. Raquel empieza también a presentar los primeros síntomas tras echarnos a la ruta, se le van paralizando los labios y pómulos debido a la intensa ventisca que nos envolvía en nuestro rodar hacia Las Gavitas.
En esos tramos, aunque la ventisca no nos dejaba contemplar en toda su dimensión el nuevo trazado, lo cierto es que ya no reconocía en parte el recorrido al paso por el Alto de los Currunales, puesto que habían desaparecido con las labores de reestructuración vial los viejos senderos que exigían un ciclado técnico, dando paso a un amplio trazado con zonas de relleno de piedra, que salvo en una ocasión se dejaban ciclar, aunque no entiendo los amontonamientos de piedras sin recebar en los llamargales de La Mesa.
Aun así, en medio del todo el trafago de la ventisca, nos plantamos en La Madalena, y menos mal que Raquel y Fran conocían la bajada hacia Barrio, porque lo cierto es que las rutas de escape, que en muchas ocasiones son pequeños recorridos, debían estar mejor señaladas e indicadas con horarios y distancias.
Lo cierto es que el Campo de la Madalena ya nos lo pensamos más y nos fuimos directamente hacia Barrio. La bajada se encuentra en malas condiciones, pero tras un tramo de incertidumbres pronto se da con la pista que se echa abajo como un torbellino, con pasajes que pueden presentar más de un problema si se va pasado de velocidad. Bajar unos cuantos metros es recuperar las cálidas temperaturas que nos ofrece el Valle de la Madalena.
El espectáculo es impresionante, pero las ganas de poder deshacernos el frío nos empujan ladera abajo, hasta llegar a Barrio. Desde aquí empalmamos con el asfalto para bajar hacia San Salvador de Alesga. Donde nos volvieron a recoger, aunque se puede bajar hasta Teverga sin problemas.

Tipo de ruta: Longitudinal.
Recorrido: Torrestío-La Mesa-Fonfría-Barrio-San Salvador de Alesga.
Longitud: 18 kilómetros.
Horario: 2 horas

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