Miércoles, 13 Noviembre 2019

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"El Cascanueces" para cerrar la Navidad

La OSPA, Gustavo Moral y Evaristo, Julio César Picos y las bailarinas del centro de danza Karel encandilan a los más pequeños en el concierto de Reyes
08-01-2017 01:20
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Un grupo de bailarinas, durante el concierto que ofreció la OSPA ayer en el Auditorio. IRMA COLLÍN

Un grupo de bailarinas, durante el concierto que ofreció la OSPA ayer en el Auditorio. IRMA COLLÍN

La media de edad del público que asistió ayer al concierto matinal ofrecido por la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA) en el Auditorio rondaba los ocho años. Algo insólito para un espectáculo con música clásica, y que supuso todo un éxito de convocatoria para la OSPA y su concierto extraordinario de Reyes.

La excusa perfecta para llevar a los niños a la sala de conciertos fue el cuento del "Cascanueces", inicialmente ambientado en la víspera de Navidad, pero Gustavo Moral y su inseparable amigo Evaristo, con el gran sentido del humor que les caracteriza, lo trasladaron a la noche más mágica del año, la noche de Reyes.

La suite nº. 1, op.71a "Cascanueces" de Tchaikovsky protagonizó una jornada en la que lo más importante fue la risa de los más pequeños. Gustavo Moral y Evaristo fueron los narradores de este "cuento de Reyes" tan ameno y lleno de bromas al que la OSPA puso música. El director invitado para dirigir a la agrupación asturiana en esta ocasión fue el gijonés Julio César Picos, que se mostró dinámico y cómplice de todo cuanto sucedía en el escenario, tanto a nivel musical como durante la narración del cuento.

Las jóvenes bailarinas del centro de danza Karel también tuvieron un papel muy destacado, ya que ofrecieron un espectáculo realmente hermoso de ballet clásico en algunos de los números de música escritos por Tchaikovsky, como en el famosísimo "Vals de las flores", con el que todo el público, grandes y pequeños, se emocionaron, y que se tradujo en un estrepitoso aplauso.

El concierto de ayer en el Auditorio Príncipe Felipe no pretendía ser didáctico, pero hubo ocasión para mostrar a los niños algunos de los instrumentos que constituyen una orquesta sinfónica.

También hubo regalos, muchos, como la celesta que recibió Sergey Bedrozny para interpretar la danza del hada de azúcar, y por supuesto el Cascanueces, el pequeño soldadito rojo sobre el que trata el cuento.

En definitiva, un concierto desenfadado en el que primó el buen ambiente y las ganas de disfrutar de la música.

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