Lunes, 17 Febrero 2020

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Los residentes reciben el alta

"No descartamos hacer un nuevo MIR si no hay opciones de trabajar", resaltan los médicos que finalizan su periodo formativo en el área sanitaria de Gijón
29-04-2017 00:31
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Foto de familia de los residentes que estuvieron ayer en el acto de despedida en el salón de actos del Hospital de Cabueñes. JULIÁN RUS

Foto de familia de los residentes que estuvieron ayer en el acto de despedida en el salón de actos del Hospital de Cabueñes. JULIÁN RUS

El gijonés Alejandro García soñaba de pequeño con ser policía, porque se imaginaba un hombre de acción. Después decidió que iba a ser actor, por la popularidad; y al final se decantó por la medicina, tras un largo viaje en familia en el que su abuela no paró de hablar de su médico, explicándole que era una persona que le trasmitía "cuidado, cariño, compañía, respeto y conocimiento".

"En aquel momento no sabía que significaba todo eso, pero tenía claro que era definitivamente a lo que me iba a dedicar", explicó ayer en el salón de actos del Hospital de Cabueñes uno de los 52 MIR que finalizan su etapa de residencia en el área sanitaria de Gijón. En su caso optó por la medicina interna. Pero también hubo que despedir ayer a 37 médicos, 15 de ellos en medicina de familia; 13 enfermeros; un psicólogo y un farmacéutico.

El gerente de Cabueñes, Miguel Rodríguez, deseó mucha suerte en su nueva etapa a los residentes y destacó su papel y trabajo durante los últimos años. Recalcó también que deben ser optimistas, ya que son "el relevo generacional de la medicina en Asturias". Lo cierto es que para todos ellos comienza un periodo de enorme incertidumbre, ya que las oportunidades escasean. "Está la cosa negra. Hay que buscarse la vida", relata Estefanía Salgado, de León, que estuvo haciendo en la UVI su segunda residencia, tras una primera en medicina familiar. "Espero no llegar a tener que hacer una tercera residencia, aunque no lo descarto, porque ya hay mucha gente que lo hace para poder tener otros años de trabajo asegurado", añade.

Coinciden todos en destacar la calidad del aprendizaje, el duro trabajo y la experiencia impagable que supone hacer una residencia en un hospital. "Es el inicio puro de la profesión. Marca un antes y un después. Es la primera vez que tratas con pacientes, y no tiene nada que ver con lo que se aprende en los libros", comenta Alejandro García. "Es una etapa muy provechosa con sus partes negativas, pero la gran mayoría fue positiva", subraya Estefanía Salgado.

Los residentes que finalizan esta etapa no solo desarrollaron su labor en Cabueñes, también en el resto del área sanitaria de Gijón. Es el caso de la gijonesa Ana Murcia, que estuvo haciendo medicina de familia en el Centro Salud de La Calzada. "De cuando empezamos a ahora el cambio es enorme. Estuvimos cuatro años muy estables y ahora empezamos una época en la que no sabemos donde vamos a acabar y da algo de miedo", resalta, con notable y lógica incertidumbre.

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