Domingo, 22 Abril 2018
Rutas BTT

Poco a Poco… un día sin coches

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Mieres - Asturias

El grupo ciclomontañero mierense organizó una comitiva ciclista por la senda peatonal del río Caudal, lejos de las fanfarrias institucionales, para reivindicar el uso de la bicicleta como medio de transporte

Oviedo, Víctor GUERRA
La bicicleta parece que empieza a tener un hueco dentro de las agendas políticas. Confiemos en que sea una apuesta duradera en el tiempo y en las formas.
La familia ciclista abarca un gran abanico de modalidades competitivas, lúdicas o de desplazamiento: la competición ciclista, el mountain bike, el cicloturismo o el ciclocross, por no hablar de los descensos o del ciclismo urbano. Pese a su extensión, siempre resultó ser, en general, un mundo muy desunido en el que unas modalidades eran ajenas a otras.
Por eso, a nadie pareció importarle la desaparición de las viejas infraestructuras fabriles, los aparcamientos para bicicletas o las facilidades para llevarlas en tren o en bus. Como si ese mundo nada tuviera que ver con la bicicleta.
Resulta paradójico que, pese a utilizar un mismo medio como es la bicicleta, ésta no sea un nexo común suficiente para movilizarnos en función de las necesidades de otras modalidades ciclistas, como pudiera ser el ciclismo urbano, tan necesitado de ayuda en estos momentos en que se ha asumido tanto el coche en todo nuestro ámbito. Se puede decir que, si nadie lo remedia, el sector del ciclismo como transporte está entrando en una lenta y segura agonía. Pese a todo, celebramos su «santo patrón», un día sin coche.
En realidad debería ser un día de la movilidad y no tanto de la bicicleta, pero parece que siempre se ha asimilado tal día con el ideal para tal medio de locomoción. Así ha quedado fijado en nuestra memoria.
Pues bien, pese a que había unas Jornadas de movilidad en Gijón, parece que algo se mueve en lo institucional, puesto que hasta el Consorcio de Transportes da la sensación de que opta por asumir viejos deseos del colectivo ciclista de trabajar en conjunto en temas de movilidad.
De natural pesimista, tengo la intuición de que se prometen acciones y proyectos que mucho me temo que serán pasto de los fuegos fatuos de las elecciones, igual que ya han devorado proyectos como el viejo de dinamización de los valles del Trubia, por y para la bicicleta, o los proyectos de movilidad ciclista para Gijón, que se han quedado en cuatro carriles sin fin y sin uso y con unos dineros gastados en planes ciclistas tirados a la papelera.
Ver veremos en lo que acaba todo ello, y no es que uno sea pájaro de mal agüero, sino que ya es perro viejo y ha visto muchos proyectos convertirse en humo. Primero, porque la voluntad política es muy volátil, y segundo, porque el sector económico aún no se cree lo de la bicicleta. Sabe que es un buen adorno, aunque la demanda es escasa y poco concienciada. Supongo que todo se andará.
Llama la atención que estos días, en vez de asistir a la puesta en escena de una feroz crítica por el abuso del coche o por las políticas de despilfarro en cuestiones de movilidad que se están promoviendo, veamos a los grupos de ciclismo urbano hablar de movilidad como quien se envuelve en tal bandera para vender otros productos, como ha sucedido con las políticas de bicis gratuitas de Gijón, que son el envoltorio del jugoso caramelo de la concesión de los mobiliarios urbanos.
Por tanto, no nos ha de sorprender que nos enseñen nuevos artilugios velocipédicos para desplazarse, eso sí, a base de motor eléctrico, ahora que estamos en medio de una crisis energética. Se obvian las críticas al sistema por la falta de políticas de promoción de la bicicleta en las escuelas o por la falta de opción de una política real destinada a facilitar la presencia de la bicicleta en nuestras tierras y en nuestras vidas.
Por eso, haciendo gala de mi vena crítica, este año huí de las «funciones» que el «stablishment institucional» monta estos días y decidí unirme al colectivo bicimontañero, que sí que cree en lo de la bici para todo y para todos. Me fui a Mieres, donde el grupo ciclomontañero Poco a Poco organiza desde hace ya tiempo el famoso «día sin coche».
Allá me fui, a juntarme con casi un centenar de ciclistas, entre maduros, jóvenes y alevines, a rodar un rato por las hermosas márgenes del río Caudal. Fueron unos 12 kilómetros que el pelotón ciclista, compuesto a partes iguales por criaturas de medio metro y maduros.
Partimos desde el Ayuntamiento, sin mucha fanfarria institucional, al albur de la querencia de los peques, que pronto tomaron la estela del motorista de la Policía Local que abría paso a la comitiva. Ésta enfiló por las calles centrales de Mieres, como la de Manuel Llaneza, para buscar al pairo del parque de Bomberos las buenas trazas de las sendas fluviales que se abren a la vera del límpido Río Caudal.
Los canijos, algunos aún con ruedas laterales, se afanaban en la labor de ir comiéndole metros a la ruta sin que importara aún mucho el entorno. En algo se parecían a aquéllos otros que nos sobrepasaron también en bicicleta de carretera, que iban como locos en pos de un dorsal y del trofeo por llegar de los primeros a una hipotética meta medio virtual, renunciando en parte a recoger en sus retinas estampas como la del grupito que conjuntó el Poco a Poco, que rodaba alegremente por la senda peatonal, que no ciclista, que va desde el puente La Xana hasta Figaredo.
A un lado, el río Caudal, y al otro, los polígonos industriales, guarecidos bajo un entorno paisajístico de primer orden. Pero hay que levantar la vista de la rueda para ver tan maravillosos paisajes.
De esta guisa nos encaminamos por Praón y La Cuesta hacia Santullano, para dejar atrás la villa caudalina y enfocar por el camino de La Vega Piqueres y cambiar de margen en el puente de Reicastro. Así entramos en una zona ajardinada donde el tropel de críos hizo sus delicias saltándose las normas de circulación del pequeño parque vial que hay en la zona. Eso pese a las advertencias de la Policía motorizada, que se empeñaba en poner orden en aquel grupito anárquico de «nanos» en bicicleta. Revoltoso pese al cansancio reinante en algunos semblantes, pues algunos hicieron el recorrido a base de trotonas con ruedas laterales, lo que fue toda una valentía.
Un refresco, y de vuelta por el mismo camino, tomando por completo las veredas fluviales del Caudal y haciendo al menos por un día eso de que la calle es de todos. Desembocamos en el pontón del apeadero de Renfe, antes del famoso puente de la Perra que cantara Víctor Manuel, y enfilamos tras un bureo por calles laterales de Mieres hasta llegar de nuevo a la calle Manuel Llaneza y concluir ante la Consistorial, donde el reparto de camisetas cerró una jornada en la que el mal tiempo nos iba mordiendo la rueda trasera.
Fue un día distinto a las habituales rutas ciclomontañeras, pero precioso por lo emotivo y por el aspecto lúdico-revindicativo desde la bici de montaña.

Tipo de ruta: Circular.
Punto de salida y llegada: Mieres.
Recorrido: Santullano-Figaredo.
Longitud: 11,6 km.
Horario: Una hora y 30 min.
Desnivel ascenso: 90 m.
Desnivel descenso: 87 m

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