Miércoles, 20 Marzo 2019
Rutas BTT

Por las sendas verdes asturianas (I)

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Aller - Asturias

La ruta entre Orillés y la Campa Espinera merece la pena pese a que la señalización es incompleta

Oviedo, Víctor GUERRA
Las sendas verdes son una de las mayores apuestas del Gobierno regional por dotar a la región de infraestructuras lúdico deportivas. Lo cierto es, que tras la puesta en valor de una plataforma ferroviaria como la vía verde de los valles del Trubia, hay que decir que detrás han venido otras apuestas de muy distinto cariz y conceptualización.
Por un lado, están las denominadas sendas fluviales, que se han constituido en auténticas arterias para el paseo matutino de miles de asturianos, o los senderos costeros, que poco a poco van conquistando a base de trabajos de adecuación la rasa costera asturiana, haciendo que ésta nos sea más accesible y disfrutona. Eso sin olvidar la nueva red de senderos PR y GR de muy distinto pelaje y hechura, concluyendo con las impresionantes infraestructuras denominadas sendas verdes, que van colonizando buena parte del territorio astur metro a metro.
Ya van unas cuantas construidas, eso sí, con muy diversa concepción, aunque no siempre muy acertadas en cuanto a diseños o señalización, pues la diversidad de parámetros que en ellas se dan denota que faltan criterios de homogeneidad.
Ello viene implícito en la misma configuración del recorrido, que a diferencia de lo que está sucediendo en Suiza, cuyas vías verdes («bike routes») se desarrollan fundamentalmente por los fondos de valle o surcan las laderas de los macizos con vocación de cinturones perimetrales de carácter universal en el uso.
En nuestra región estas vías verdes trepan a lo alto de los cordales y allí se encaraman, ajenas a las dificultades que entraña su realización, con la agravante de que se está facilitando el acceso de vehículos a motor a lo alto de nuestros cordales más montañeros y los problemas e impactos medioambientales.
No quiero dejar de mentar la existencia de la diversidad señalística existente, pues cada una es un mundo de señales, que a su vez conviven con otras marcas y señales sin orden ni control. De todas formas, lo más crítico no es esto, sino que la propia concepción no siempre es producto de una reflexión serena sobre las necesidades y posibilidades de la población usuaria de este tipo de construcciones, sino de otro tipo de mentalidades y necesidades.
De este modo un pequeño grupo de ciclistas asturcones, Nespral, Chus, José Carlos (Morcín) Roberto C. Riesgo y, cómo no, el que suscribe, nos echamos al monte para rodar por una de estas nuevas infraestructuras de las cuales se desconoce casi todo.
Para llegar hasta la senda verde de Orillés-Campa Espinera, perdida en la inmensidad de las cordales de Nogalendo y Navaliego, dejamos los vehículos en la estación de Feve de Ujo, donde tomamos el tren hasta Cabañaquinta. Quien sepa dónde está la senda puede tomar el camino, pero en Cabañaquinta nada nos indica que en las proximidades pueda haber una infraestructura de esta naturaleza. £Qué pérdida de ocasión para relacionar el tren y las infraestructuras lúdico deportivas!
Llegados a Cabañaquinta, y ya que conocemos la ubicación de la Senda Verde de Orillés, nos echamos carretera abajo hacia Sarrapio, donde tomamos un repentino repecho que nos permite subir pueblo arriba hasta el paseo interior que, sin indicación alguna de su destino, nos lleva hasta la misma iglesia de Sarrapio. Allí encontramos una llamativa cruz a la puerta de la iglesia perteneciente a las órdenes caballerescas.
Desde lo alto del promontorio de Sarrapio podemos contemplar en toda su extensión el cordal de Renorios y detrás la impresionante columna vertebral de La Carisa. Continuamos ruta, para lo cual tomamos la carretera que sube hacia Orillés, lugar donde concluye la carretera dejando paso a la sorpresa del día: la senda verde de Orillés-Campa Espinera.
El contacto con ella nos sorprende tanto por sus fuertes repechos, que creíamos que serían esporádicos, como por su firme, carente para los ciclistas de montaña y para los senderistas de motivación y emoción, ya que su andadura o ciclado es más bien monótono. Una cuestión que se salva por los recursos que van salpicando su trazado, así como por la impresionantes vistas panorámicas que nos ofrece la citada infraestructura. En este caso la senda verde de Orillés nos ofrece visitar el pozo San Fernando, cuya desviación se sitúa un poco por encima de Orillés, a eso de los 4 km del recorrido. El pozo tiene la característica de haber sido concebido para meter el carbón desde la zona alta y bajarlo al fondo del valle por el propio pozo.
Eso sí, los repechos que hay para llegar hasta las inmediaciones del pozo es lo que nos indica que los técnicos han reflexionado poco, y menos debe ser lo que han andado o rodado por su trazado, dados los impresionantes repechos que nos dejan sin resuello en el intento de coronarlos rumbo a la mina. Luego la bajada se hace más bonita, pues debemos retornar hasta el punto de desvío. La sorpresa sigue estando presente no sólo en nuestras mentes, sino en nuestras piernas, que empiezan a sufrir cuando nos enfrentamos a la continuada pendiente, pues hemos salido de la cota 426 metros, en que se sitúa la localidad de Cabañaquinta, y en apenas unos 8,5 kilómetros, nos colocamos a 1.080 metros.
Atrás han quedado los duros repechos de La Felguerosa, que nos permiten, tras coronarlos, un leve descanso para llegar a la Collada Ablanu, a 1.080 metros de altitud.
No sabemos si el color de la señalización de la ruta, en este caso rojo, tiene algo que ver con la dificultad. Hay que decir al respecto que no hemos visto expresado en ningún lugar los desniveles ni las pendientes con las cuales se va enfrentar el ciclista o el senderista.
En la citada Collada de Ablanu se puede seguir, bien por la zona peatonal (senderista), poco ciclable y hasta si me apuran poco andable, pues el sendero necesita un desbroce, o en este caso seguir por la senda verde. Ésta da vuelta con una impresionante bajada –rodeando el pico la Burra Blanca– para dejarnos de nuevo, con dos palmos de narices, ante el repecho de la collada de Caballos.
Desde este punto entramos en la vertiente lavianesa circulando por la parte sombría del trazado, o sea, la cara norte, que en esta época del año se encuentra totalmente helada. Hemos tenido suerte, pues lo típico es que esta infraestructura se encuentre impracticable por la nieve durante los duros inviernos.
Si estamos hablando de una infraestructura de esta naturaleza y de este coste, la universalización que se pretende queda muy supeditada a la climatología y a las condiciones físicas de los usuarios, dadas las pendientes y a la longitud. Eso sí, tienen de bueno que son ciclables, pues sus firmes permiten ganar las mayores cotas como la Campa Espinera, punto final de esta ruta.
Un poco más allá, donde hay una bifurcación, se sigue hacia la senda verde de La Molinera, que serpentea por el fondo del valle de Turón.
Para nuestra sorpresa vemos que la senda no concluye en Espinera, sino que a partir de esta bifurcación parte otra senda que va a buscar otras sendas verdes del Valle del Nalón.
Continuará…

Tipo de ruta: Circular, con salida y llegada en Cabañaquinta.
Recorrido: Orillés-Campa Espinera-Campa Cimera-Urbiés-Turón.
Longitud: 37 kilómetros.
Horario: 4 horas.
Subida acumulada: 872 metros.

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